Hacía cinco años que nadie me decía "Te quiero" y era verdad. Hacía cinco años que nadie me decía "Te quiero"...
Sólo puedo decir gracias una y mil veces por vivir el sueño de mi propia realidad.
martes, 21 de enero de 2014
domingo, 5 de enero de 2014
sábado, 4 de enero de 2014
100%
Y es hermosísimo mientras dura, tanto que parece sacrílego no vivirlo con la misma intensidad con que te inunda. No, el romanticismo no está sobrevalorado, de hecho es al revés, hay demasiada gente congelada contra su poesía, alienada, nihilizada, que incluso lo combate cuando le es ajeno.
"Aquella época en la que era feliz y no lo sabía"... a mí desde luego no me ha pasado. Tengo el punto de locura suficiente para darme perfecta cuenta de cuando el miedo merma mi energía, y en tal materia mucho más, de ahí que enseguida actúe.
Nada puede preverse. Todo puede acabar. Pero yo... quiero vivir cada momento como se merece, como lo que es: único. Quiero vibrar con los demás tan fuerte que si acaso el miedo pudiese alcanzarme fuera el de sentirme tan feliz. Y quiero amar lo que tengo con inocencia y experiencia renovadas a cada paso.
No pedí nada a 2014;
No le he dedicado ninguna letra más que éstas;
Tampoco conozco su nombre, ni lo que logrará depararme;
Pero sigo aquí, tremenda-mente desgastada pero no muerta.
"Aquella época en la que era feliz y no lo sabía"... a mí desde luego no me ha pasado. Tengo el punto de locura suficiente para darme perfecta cuenta de cuando el miedo merma mi energía, y en tal materia mucho más, de ahí que enseguida actúe.
Nada puede preverse. Todo puede acabar. Pero yo... quiero vivir cada momento como se merece, como lo que es: único. Quiero vibrar con los demás tan fuerte que si acaso el miedo pudiese alcanzarme fuera el de sentirme tan feliz. Y quiero amar lo que tengo con inocencia y experiencia renovadas a cada paso.
No pedí nada a 2014;
No le he dedicado ninguna letra más que éstas;
Tampoco conozco su nombre, ni lo que logrará depararme;
Pero sigo aquí, tremenda-mente desgastada pero no muerta.
lunes, 16 de diciembre de 2013
Romanticida
Soy una persona extremadamente romántica y creo en el amor sobre todas las cosas, de ahí que ante determinadas situaciones, con gente con la que sé que aún no me une un vínculo afectivo, las sabotee casi inconscientemente. Me pongo nerviosa porque es muy superior a mí, si lo pensara seriamente lloraría. No tengo sucesos demasiado emocionantes pero cuando ocurren, o están cerca de ello, quito la vista o trato de decir lo contrario. No pueden vivirse con cualquiera, no pueden recordarse sin ese sentimiento, sólo pueden parecerse en la forma y mostrarse un poco mágicos, y tocarte tambaleándote como si sonasen campanillas en un anime o manga, cuando aún no puedes permitir creértelo.
Sé que hay gente capaz de hacer vibrar tu interior sin sentir sinceramente nada, y tal vez por eso huyo, escapo a toda prisa de espejismos dolorosos a la larga. Pero ahora mismo están muy lejos... lejos en el frío.
Siempre he creído que el drama y la comedía se daban la mano, y que la tragedia por fin no tendría que ser tanta entre risas y excesos. Me gustan también otros géneros, como lo grotesco, lo malvado, lo siniestro, lo mítico... de ahí que disfrute con lo bizarro y las exacerbaciones. Creo que comedia y tragedia se encuentran en ellos, y por tanto tienen un sustrato común. Pero todo me parece hoy una percepción que aspira a una verdad incognoscible, o mejor dicho, inexistente, y hablar de acuerdos es presuntuoso. Amo los defectos y sin embargo no me permito ninguno. Estoy un poco gris, como el cielo.
Ni siquiera es tibio, es como cuando lo tibio se queda frío, sin ser completamente un frío helado. Un estado poco destacable que algunos llamarán calma pero yo llamo vacío, o al menos el antónimo de intenso.
Sé que hay gente capaz de hacer vibrar tu interior sin sentir sinceramente nada, y tal vez por eso huyo, escapo a toda prisa de espejismos dolorosos a la larga. Pero ahora mismo están muy lejos... lejos en el frío.
Siempre he creído que el drama y la comedía se daban la mano, y que la tragedia por fin no tendría que ser tanta entre risas y excesos. Me gustan también otros géneros, como lo grotesco, lo malvado, lo siniestro, lo mítico... de ahí que disfrute con lo bizarro y las exacerbaciones. Creo que comedia y tragedia se encuentran en ellos, y por tanto tienen un sustrato común. Pero todo me parece hoy una percepción que aspira a una verdad incognoscible, o mejor dicho, inexistente, y hablar de acuerdos es presuntuoso. Amo los defectos y sin embargo no me permito ninguno. Estoy un poco gris, como el cielo.
Ni siquiera es tibio, es como cuando lo tibio se queda frío, sin ser completamente un frío helado. Un estado poco destacable que algunos llamarán calma pero yo llamo vacío, o al menos el antónimo de intenso.
viernes, 29 de noviembre de 2013
Linger
Si actualmente alguien me emociona tanto como Dolores O'riordan de The Cranberries, ésa es Florence Welch de Florence and the Machine. No es que se parezcan realmente pero las dos logran inspirarme los mismos sentimientos, una combinación perfecta de fuerza y delicadeza, que hacen que su voz persista en mi memoria. Banshees maravillosas. A Dolores la vi en directo aquí en la ciudad, estuvo apenas a cinco metros de mi.
Sonidos, sonidos... que acallen el llanto.
Sonidos, sonidos... que acallen el llanto.
jueves, 28 de noviembre de 2013
Mi mazurca
El sábado pasado cené en un restaurante asiático y no sé por qué a partir de entonces tengo dolor en el estómago, no es que me afecte a nada más, pero cada vez que como algo me duele bastante y es como si me costase digerir. Seguimos a jueves y no me siento mejor. Pero realmente menciono este suceso, que es lo más nimio de mi cotidianidad, como punto de partida para comentar que por fin he retomado Anna Karenina como se merece. Pensé en escribir una entrada titulada "Karenina congelada" por todo el tiempo que tenía aparcada la obra, y, al menos, esta semana ha logrado que la siga.
Hay una parte del libro en la que uno de los personajes, Kitty, una bonita joven que comienza a despuntar en sociedad, sintiendo amor por otro joven que la cortejaba hasta ese entonces, se reserva para bailar con él. Kitty llega a rechazar a cinco pretendientes, por el deseo intenso que tenía de bailar la mazurca con dicho joven. Pero cuando llega la hora del baile el joven saca a bailar a Anna y la desolación de Kitty se va palpando con cada movimiento. Se ve sola, y no importa que su madre le consiga inmediatamente otra pareja de baile. El baile para ella ha terminado.
Creo que he pasado demasiados años esperando bailar la mazurca con un joven que nunca me amó, y supongo que el resto de pretendientes ahora bailan felices sus vidas con doncellas que les prestaron más atención. No puedo quejarme porque haya despertado del ensueño y de repente escuche los primeros acordes, y me perciba completamente sola en la pista, sin pareja, cuando todos están bailando o listos para hacerlo. Supongo que es demasiado injusto que ahora desee ser feliz.
Esto no va de ninguna forma y me lleva a pensar a ratos que a las mujeres a las que suele irle bien en el amor es precisamente porque no preguntan y no respetan, sólo imponen. Que ofrecer condescendencia o autonomía, comprensión o lo que quiera llamarse, no es más que cavar tu propia tumba y dar margen para que no te necesiten. Cuando pasas, cuando eres realmente despreocupada, frívola y caprichosa, entonces el éxito llega fácil, es ilógico pero es cierto. Y no hay más.
Puedo quedarme perfectamente sentada mientras suena la música por mucho que soñase el bailarla con alguien, estoy acostumbrada al fracaso. Puedo seguir deseándolo en mi mente y asumir que como tantas otras cosas no me ha tocado a mi, por mucho que haya buscado la ocasión. La oportunidad tiene que presentarse o tienen que dártela. Quizá sea tarde para desear.
Hay una parte del libro en la que uno de los personajes, Kitty, una bonita joven que comienza a despuntar en sociedad, sintiendo amor por otro joven que la cortejaba hasta ese entonces, se reserva para bailar con él. Kitty llega a rechazar a cinco pretendientes, por el deseo intenso que tenía de bailar la mazurca con dicho joven. Pero cuando llega la hora del baile el joven saca a bailar a Anna y la desolación de Kitty se va palpando con cada movimiento. Se ve sola, y no importa que su madre le consiga inmediatamente otra pareja de baile. El baile para ella ha terminado.
Creo que he pasado demasiados años esperando bailar la mazurca con un joven que nunca me amó, y supongo que el resto de pretendientes ahora bailan felices sus vidas con doncellas que les prestaron más atención. No puedo quejarme porque haya despertado del ensueño y de repente escuche los primeros acordes, y me perciba completamente sola en la pista, sin pareja, cuando todos están bailando o listos para hacerlo. Supongo que es demasiado injusto que ahora desee ser feliz.
Esto no va de ninguna forma y me lleva a pensar a ratos que a las mujeres a las que suele irle bien en el amor es precisamente porque no preguntan y no respetan, sólo imponen. Que ofrecer condescendencia o autonomía, comprensión o lo que quiera llamarse, no es más que cavar tu propia tumba y dar margen para que no te necesiten. Cuando pasas, cuando eres realmente despreocupada, frívola y caprichosa, entonces el éxito llega fácil, es ilógico pero es cierto. Y no hay más.
Puedo quedarme perfectamente sentada mientras suena la música por mucho que soñase el bailarla con alguien, estoy acostumbrada al fracaso. Puedo seguir deseándolo en mi mente y asumir que como tantas otras cosas no me ha tocado a mi, por mucho que haya buscado la ocasión. La oportunidad tiene que presentarse o tienen que dártela. Quizá sea tarde para desear.
domingo, 24 de noviembre de 2013
Aquel lugar feliz (lo que aún recordamos)
El año pasado en un ejercicio de relajación no demasiado profesional tampoco pero que trataba de ponerte en contacto con tu lugar feliz, tras algunas preguntas y pequeñas pruebas, después de la respiración y el resto de detalles, la práctica requería volver a un lugar del pasado que tratase de reflejar tu idea del paraíso. Y no sé si es porque estaba echada, o porque de repente la naturaleza y las personas se me hacían indispensables, o sencillamente porque era irremediable que fuese otra época, pero pensé en la tarde de abril de 2005, cuando nos tiramos sobre la hierba que había al lado del Aulario Norte, donde se daban las clases de Bellas Artes, rodeada de compañeros que tal vez no fuesen mis mejores amigos, pero que aportaban calidez y sonrisas al momento. Donde estaban mis amigos artistas, y donde me acompañaban la chica bluedependiente y el chico que probablemente más me quería en aquel momento. Ése era mi lugar feliz, con 20 años, al que podría regresar una y otra vez sin cansarme sintiendo el sol, echando fotos, riendo, escuchando sus voces y teniéndolos tan cerca.
Ayer justamente hablé de ello con uno de los protagonistas de la escena y fue excepcional leer que para él también fue un momento a recordar. No pensé, sin embargo, en los ratos que pasaba con x, ni muchas otras anécdotas que podían asemejarse, era ése, ése y ningún otro, con ellos.
No siempre el amor decide la vida, los amigos y las personas que están, que te acompañan en cierto punto son piezas exactas. Mi puzzle está plagado de piezas que se quedaron puestas, como una parte irreemplazable. Y quizá volver a mirar una de ellas se me hace melancólico desde la perspectiva del tiempo, y sólo querría volver y quedarme donde estuvimos juntos.
Supongo que he tenido días mejores. Y que no me siento parte del proyecto ni la felicidad de otro alguien.
Todo podría haber sido distinto, pero no, y las relaciones son también una cuestión de coincidencia, el momento es decisivo, y ése no fue el nuestro. El de ahora... no se sabe. Y cada vez sé menos de la corriente del que baja.
Creo que algo me hizo inmensamente feliz y triste al mismo tiempo en una sola línea, algo cercano a lo que soy y es mi recuerdo y por eso estoy tan conmovida y me he dado cuenta de lo mucho que extraño ver mi reflejo en los ojos de otro, y sentir su reflejo en mi corazón, y atesorar ese momento como si fuese eterno...
Ayer justamente hablé de ello con uno de los protagonistas de la escena y fue excepcional leer que para él también fue un momento a recordar. No pensé, sin embargo, en los ratos que pasaba con x, ni muchas otras anécdotas que podían asemejarse, era ése, ése y ningún otro, con ellos.
No siempre el amor decide la vida, los amigos y las personas que están, que te acompañan en cierto punto son piezas exactas. Mi puzzle está plagado de piezas que se quedaron puestas, como una parte irreemplazable. Y quizá volver a mirar una de ellas se me hace melancólico desde la perspectiva del tiempo, y sólo querría volver y quedarme donde estuvimos juntos.
Supongo que he tenido días mejores. Y que no me siento parte del proyecto ni la felicidad de otro alguien.
Todo podría haber sido distinto, pero no, y las relaciones son también una cuestión de coincidencia, el momento es decisivo, y ése no fue el nuestro. El de ahora... no se sabe. Y cada vez sé menos de la corriente del que baja.
Creo que algo me hizo inmensamente feliz y triste al mismo tiempo en una sola línea, algo cercano a lo que soy y es mi recuerdo y por eso estoy tan conmovida y me he dado cuenta de lo mucho que extraño ver mi reflejo en los ojos de otro, y sentir su reflejo en mi corazón, y atesorar ese momento como si fuese eterno...
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