sábado, 5 de enero de 2013

Estos días de enero...

No lo mencioné pero... realmente después de las tantas idas y venidas que tuvo 2012, los mejores momentos que sin duda he pasado esta Navidad han sido los que compartí con mi familia (después de todo). Hacía ya bastantes años que no pasaba unas fiestas tan tranquilas, agradables y sin altercados.

No estoy negada a que las cosas mejoren, de hecho creo que mucha gente de la que no es feliz es precisamente porque no cree poder serlo, y se cansan tratando de construir la felicidad o siguiendo su búsqueda, y es por eso que al final la niegan y se convencen de no necesitarla.


[Estos días de enero...] son perfectos, fríos pero con mucho sol.

miércoles, 2 de enero de 2013

El año del impulso

2013 es el año de la serpiente pero me parece más interesante darle la vuelta y convertirlo en "Eros", dios del amor, el sexo, el impulso creativo y el orden del cosmos. ¿Acaso puede pedirse algo más? Es necesario que los vientos sean favorables al fin y nos hagan correr más rápido de lo que nunca hayan imaginado nuestros pies. Decisiones por tomar, ahora con fuerza para tomarlas.

Tengo serias ganas de viajar, no sólo puntualmente. Debo ponerme en serio a redactar el proyecto y hacer más productivos los días. Mi balance de 2012 es positivo así que no tengo mucho que añadir. Mantengamos el ritmo progresivo.

Hay un lugar para cada uno, y no es una tierra sino un espacio de actuación. Es justo donde ningún otro es igual a nosotros. Ese lugar será material el día que asumamos de forma consciente nuestras capacidades, que valoremos nuestras virtudes honestamente, renunciando a las pesadas cargas autoimpuestas que no son más que obstáculos ilusorios que nos desplazan de ese puesto que legítimamente ostentamos.

Las luchas internas son siempre batallas, nunca guerras, pues después de una sigue otra y en esa constante fraguará la paz.

Soy fuerte para mejorar este relato y microrrelato, y voy a serlo para ayudar también a los demás.

miércoles, 26 de diciembre de 2012

Queriendo encontrar un arcoiris infinito

No quedan vuelos baratos para pasar la Nochevieja en Londres, pero no importa. Igual es bueno incendiar todos los rituales hasta ahora practicados.

Así es el fin. El fin de esos tiempos.

martes, 25 de diciembre de 2012

Navidad

Amo el olor del napalm por la mañana tanto como amo despertarme con gritos el día de Navidad a las 09:45, es decir... nada.

sábado, 22 de diciembre de 2012

vamos resumiendo

No hace falta esforzarse tanto por comprender al mundo, a veces con intentar vivir tenemos bastante. Sólo pequeñas excepciones de ese bombardeo masivo merecen el interés, siquiera dedicar ese minuto o esa sonrisa, así que seamos felices, que ya va quedando menos.

Yo también tengo miedo, todos lo tenemos, pero no a las mismas cosas. Y supongo que lo que más me asusta es desaprovechar la vida y por eso no dudo un momento en hacer lo que me apetece en base a lo que puedo. Pero muchas cosas se escapan de ese margen y me excuso y me conformo pero sé que podría llegar a conseguirlas con más esfuerzo, con un compromiso real por crear un cambio. Y lo estoy buscando, buscando mi propia fortaleza.

No sé qué nos deparará el 2013 pero no estaría mal ver un poco de mundo o crear uno nuestro, distinto del que tenemos dado. Supongo que sería lo mejor que podría pasarme...

En lo demás no me quejo. Tampoco siento que sea el momento de seguir machacándome sino encontrando puntos fuertes para llegar a otro lugar. Cuando hablo claro me siento bien, y aún mejor si se suceden respuestas en consonancia. En eso suelo ser más lenta (en responder), en la ruptura de mis limitaciones cotidianas. Pero me estoy esforzando y pongo atención en dónde están las barreras.

Y sí, me compré la Singer, primer paso hacia algo más, y en 2013 expongo aparte de aparecer en un libro. Buenos proyectos.


martes, 18 de diciembre de 2012

el universo...

Hablar del universo suele ser una ventana abierta hacia mis traumas y mi fobia irracional hacia la muerte. Es algo que mi hermano sabe, pero que no suelo comentar.

Sí, sí que es verdad que muchas veces pienso que tener un hijo es un acto, en parte, egoísta. La gente engendra vidas por autosatisfacción sin pensar realmente qué vida está ofreciendo a ese nuevo ser. No se piensa en el día en que tengas que explicarle que va a morir, que ésto es pasajero, que le has condenado a un tiempo limitado, que es el único que tendrá. Siento el mismo pánico que sentí el día que lo descubrí, que pensé que mi madre moriría sin pensar hasta minutos después que yo también lo haría. Horror, desesperación, vagar por la habitación como posesa...

Algunos otros tienen descendencia para no quedarse solos, para que alguien les cuide. ¿De verdad estas motivaciones son lícitas? Y por otra parte ante la cuestión de si otros no pueden tener y que si teniendo la oportunidad no se aprovecha... Tenemos la oportunidad de hacer muchísimas cosas que no tenemos por qué hacer, para mi en tal caso sería un acto de honestidad y verdadera generosidad el ahorrarle ese tipo de sufrimiento a mi hijo, mi vida, esa parte germen de mi cuerpo y otro cuerpo, lo más preciado que pudiera imaginar. De antemano el pensar en alejarle de esa tortura que me inunda ya es un acto de gentileza y amor. No sé si puede comprenderse.

Aún así, por supuesto, no he descartado la idea de hacerlo, de poder concebir. Sí que hay cosas hermosas aquí por las que merecería la pena estar. Que esta experiencia dolorosa y gozosa es lo único que existe para la raza humana. Que no tenerlo implica seguir reduciéndolo a la nada y a lo inmaterial.

El verano de 2010 estando en Ibiza comenzaron unos fuegos artificiales junto a la playa. En ese momento estábamos tomando una cerveza en una terraza, así que nos aproximamos a la arena. Era ya de noche, estaba fresca, era fina y se notaba limpia. Las luces reflejaban en el mar desde lo alto, con juegos de formas y sonidos, y luego se extendían a una especie de isla donde continuaban estallando. La gente nos rodeaba mirando al cielo. Estaban nuestros amigos, amigos ya lejanos, pero en ese momento me encontré sumida en la soledad de mi propia experiencia, volcada en la contemplación y pensé... Pensé que estar allí era maravilloso, que gracias a momentos como ése la vida tenía sentido, que debía tenerlo más en cuenta, que era un paraíso, no sólo la isla (que ya conocía), todo, el poder estar allí dilucidando eso mismo, a pesar de lo horrible que resultó ese viaje. Supongo que llegado el momento pensaré en lo bueno que podría descubrir a esa futura personita desde la más absoluta humildad, asustada, cargada de responsabilidad, pasando por alto ese egoísmo que percibo a veces en quien no se pregunta tanto acerca de esta cuestión.

lunes, 12 de noviembre de 2012

Música, danza y todas esas cosas que podían haber sido y no serán

A veces me agobio pensando que un día necesitaré usar gafas porque no podré mirar con claridad los objetos. Que sin ellas al levantarme habrá cosas a mi alrededor que no perciba y no pueda admirar para retenerlas en la memoria.

Esta mañana he abierto un cuaderno de cuando tenía unos seis años quizá, no mucho más. Era un comentario de texto del libro: "El archipiélago de la cabra" (Anaya, colección el duende verde). Me encantaba ese libro... Hice ilustraciones con los personajes y el trazo es muy bueno para una niña de esa edad, el color ya no tanto, pero es sin duda mejor en comparación que la letra, porque estaba aprendiendo ortografía aún.

De pequeña ensayaba muchas cosas, como inventar canciones y pasarlas al pentagrama, pero las mejores melodías de mi cabeza nunca sabía cómo. Ahora me sigue pasando, imagino ritmos que resuenan, que me gustan, que serían grandes canciones... y no sé extraer nada de eso, no sé hacerlo material, no sé cómo compartirlo. Pienso entonces la gran suerte que ha sido, durante años, el poder dibujar cualquier idea, y con un trazo sencillo explicarla a otra persona tan fácilmente. Me hubiese gustado saber hacerlo con la música.

Si lo pienso cuando estaba en aquel colegio también ensayaba canciones, me llevaba el radiocassette y las bailaba en el patio. Cuando me cambié al siguiente lo hacía en casa. Nunca pude ir a clases de ballet o danza, porque eran privadas. A los catorce me gustaba salir a las discotecas light para poder bailar, pasaba completamente de todo lo demás, no me pintaba los ojos. He seguido bailando toda mi vida sin esperar nada más de esos lugares.

Hay gente que sólo se para a ver lo que rodea a tus actos pero no te pregunta el por qué, por qué te importa tanto, o qué te aporta, qué sueñas o qué soñabas, qué querías o qué quieres. Yo querría haber sabido más de todas las artes, y evolucionar mucho antes, y no ser tan pobre; ahora me da igual todo eso, no quiero ver gente pobre que no pueda hacer cosas; leo, y sé que el mundo podría ser distinto y la gente no lo sabe, y se resigna, como cuando yo bailaba en casa. Pero las opciones estaban ahí fuera, aunque yo no lo supiera, igual que ahora siguen estando. El problema es que nadie ha venido a arrojar luz a esa oscuridad, o decirte que sí podías, que sigues pudiendo. Pero ha pasado algún tiempo, y para algunos es un poco tarde, y lo único que nos queda es librar a otros de errores, lo más temprano que puedan.

X siempre dice que "el que puede lo hace, y el que no puede lo enseña", como si enseñar a otros no fuese valioso. Sigue equivocado como en muchas otras cosas...

Me he tomado la mañana libre.