domingo, 14 de marzo de 2010

Vivir... como nunca

"Vivir cada noche como si fuese la última, y cada día como si fuese el primero"

¿Por qué algo tan sencillo es tan difícil de hacer? La culpa de todos nuestros males la tiene el egoísmo, pero aún así, no sacamos fuerza suficiente para salvarnos más que cuando lo vemos todo perdido. Remontar el vuelo es sólo no hundir la cabeza del todo para seguir respirando. No debería ser así.

Siempre hay gente que está peor, por eso no odio a la que está mejor. Sólo deberíamos tomar represalias hacia el que tiene las posibilidades y no las aprovecha. Es entonces cuando nos toca mirarnos a nosotros mismos y ver la suerte que tenemos.

Mañana mi dinámica va a cambiar, y espero que de aquí al verano los ahorros me permitan pensar en cambios a largo plazo. Siento una leve preocupación. No quiero agobiarme, empezar a descuidar el diseño y acabar sin vida. Tampoco quiero defraudar a la gente que me da esta oportunidad, así que espero hacerlo bien.

"Él no está pensando en tí" es la frase de 2009 (posiblemente el peor año de la historia). Así que voy a empezar a pensar en mí, a cogerla simplemente porque 2010 va a ser denominado el año de la conciencia, conciencia para asumir los errores y virtudes del pasado, conciencia para separar el bien y el mal, lo que merece o no la pena, conciencia del tiempo, de lo poco que nos queda...

Sólo hay dos formas de actuar: anteponer lo que amas a tí mismo o anteponerte a tí mismo con respecto a lo que amas. Nadie que opte por la segunda se merece que yo opte por la primera... aunque lo haga.

De todo se cansa uno... (fiesta, amigos, lo que sea) es sólo cuestión de tiempo caer rendido en la cama y ver lo que realmente quieres. Y querer echar a correr... correr tras ello como nunca.

A este paso, igual es nunca.

Que no haya un corazón vacío ni sed en mi copa

¡Que no haya un corazón vacío ni sed en mi copa!
Aunque me vuelva loca el hastío
Aunque no haya escalofríos si me quito la ropa
A la suerte le sonrío por si esta vez toca

Hace tiempo que no escribo más poesía que la que ensayo en nicks o fragmentos. Llevo un par de días intentando dar forma a algo, pero he estado mala y la inspiración es poca. Intento el autoengaño pero no me sale.

La ciudad sigue igual de pequeña. Los bares no son tan cálidos. En casa no te cuentan rumores, ni te encuentras con los nuevos pseudoextraños. Como mucho, alguna investigación cibernética y poco más. A salvo.

Estoy muy cansada. Espero un día sorprendente que no llega. Es la penitencia a mi impaciencia, a las dudas... Pero bueno, reconforta haber hecho lo correcto, perder para ganar conciencia de que lo perdido era lo real. Era la única manera de asimilar su valor objetivamente. Igual... un cambio necesario.

He conseguido trabajo. Se supone que eso es bueno...

miércoles, 10 de marzo de 2010

Reir por no llorar

La gracia de lo cotidiano se manifiesta en acciones sencillas que concentradas en un momento dado acaban volviéndose especiales.

Suelo perder bastante tiempo, y en uno de esos ratos, anoche deseé un abrazo. Nada más allá de un gesto cálido, sincero y confiado (los abrazos me gustan), pero obviamente no se produjo. Lo curioso, es que hoy he sido abrazada contra todo pronóstico, en un gesto simpático y desinteresado de uno de mis compañeros más queridos. Este tipo de coincidencias, a pesar de ser actos pequeños, me mantienen alegre, igual que servir de soporte a las cabecitas cansadas de mis pequeñas diseñadoras favoritas.

Normalmente, me muestro vital y cargada de energía, pero, sin este tipo de placeres, algunos días no tendrían apenas por lo que sonreir.

El pequeño abrazador furtivo me ha dicho que madure, porque me ha visto probándome unas gafas divertidas mientras me echaba fotos. Creo que no sabe que lo que a estas alturas me empieza a sobrar es precisamente eso.

El lugar donde estudio es un sitio inspirador, más que nada por las personas. Tengo la suerte de sentirme cercana tanto a los profesores como a los alumnos y, a la vez, una pieza que no desentona en ese conjunto tan plural. Puede decirse que es casi lo mejor de mi vida.

Otra cosa buena, ha sido comprobar, en principio, que aparte de diseñadores, en la escuela hay artistas, gente con inquietudes más allá del mundo mercantilista y con conciencia para utilizar sus capacidades en pro de los demás, con pensamiento libre, no condicionado por sus profesores y con talento. Esta primera idea me motiva para analizar mi propio enfoque del diseño y darme cuenta de que mis conocimientos previos no son tan inútiles como hasta ahora estaban resultando. En esta línea, viene la segunda reflexión: el consumidor de Arte muchas veces es un completo desinformado, personas con dinero y sin criterio que eligen y pagan. Es aquí cuando vuelvo a caer en la cuenta de que si pintase, no sólo haría cosas mejores que las que cierto público consume, sino que sabría aunar lo medianamente comercial con lo eminentemente artístico, que cualquier consumidor crítico podría valorar. Lo único que me faltan son los temas, cosas que me apetezca plasmar, narraciones o mensajes dignos de hacer llegar.

No puedo zafarme del espíritu conceptual, ya no en cuanto a forma, sino a contenido crítico-ideológico de la pieza en sí. El Arte por el Arte no es mi fin.

Estoy aprendiendo a guardar la calma, me pregunto si incluso más de lo que debería. No he explotado ni me he venido abajo en circunstancias recientes bastante extremas y eso, en parte, me reconforta. Tampoco pierdo de vista objetivos cercanos como aprobar ciencias o ponerme con proyectos, pero reconozco que los retraso. Dedico horas y horas a divagar acerca de todo lo que querría hacer y al final... no hago ni lo que tengo que hacer.

He vuelto a morderme las uñas, pero no importa, volverán a crecer. Confío en que mañana hayan risas otra vez.

lunes, 8 de marzo de 2010

Pequeñas ilusiones

Lo curioso de la veintena es observar cómo nuestras ilusiones van minimizándose a medida que acumulamos decepciones. Hasta los 19, en general, las personas solemos mostrarnos optimistas, faltas de miedo, impulsivas, vehementes, capaces de apostarlo todo sin pensar siquiera en el hecho de perder... Con el tiempo, el análisis diario te va minando, te va restando capacidad de sorpresa, te fuerzas a bajar el nivel de esperanza hasta un punto "adecuado" para no sufrir una caída insoportable como las pasadas, pero... ¿es esto una virtud? Algunos lo llaman madurar, dejar de ser un niño soñador, poner los pies en la tierra... Para mi es triste ver tantos ojos cansados de llorar a los veintitantos, tanta gente con escudo mortal y suspicacia aplastante, otros que comienzan a buscar la manera de recuperar el tiempo perdido, algunos obsesionados con el que gastan y malgastan, etc. No es que me excluya de estas actitudes, pero me resulta difícil asimilar cómo en un cuarto de siglo la vida ha cambiado hasta ese punto. ¿Por qué nos cuesta tanto volver a ser "tan" felices? Esa añoranza ante un pasado que fue ayer mismo... pero son unos diez años...

Algo existe si se cree en ello. No me gustan las personas que dicen odiar el amor cuando por dentro lo están deseando. No me da angustia contemplar las parejas pasear si alguna vez he sido feliz de esa manera. Me resulta hipócrita y egoísta la gente que deja de contar con sus amigos por tales circunstancias y decepcionantes los que se erigen a favor de la promiscuidad gratuita haciendo daño a otras personas.

Debería existir el día oficial de decir te quiero a toda la gente en la que pensamos, a la que añoramos, a la que deseamos, a nuestros amigos, familiares y desconocidos admirados simplemente por quitarnos este estúpido escudo que lo único que hace es separarnos de todo lo que interiormente queremos.

¿Es una evolución enfriar el corazón? ¿Es justo hacer pagar a los demás por los fallos que cometieron otros? Si esto es así, los veintitantos es una edad detestable donde nadie va a quererte nunca más, o le dará tanto miedo que igual decide que mejor no se arriesga para no sufrir "otra vez", posiblemente te culpará a la mínima, porque ya lo ha pasado mal "en el pasado" y "sabe lo que es eso", tampoco querrá compromisos, no podrá hacer planes futuros y querrá su independencia. Algunos no querrán "nada serio", lo que implica poder tener algo no serio con otros 'álguienes' y así... muertos emocionales vagan todas las noches por bares y calles en busca de extraños con quien hablar, o lo que surja.

Por otro lado el trabajo te separa de una vida propicia a la sociabilidad. El tiempo que te deja libre no siempre lo destinas a la búsqueda de oportunidades sentimentales. Quieres "tu vida", descansar, hacer las cosas que te ilusionan y no las que "debes" hacer...

He observado a las nuevas generaciones en diversos ámbitos, y no sólo yo estoy de acuerdo en que, en general, los chicos y chicas de 14 a 18 años, actualmente, expresan sus sentimientos de una forma mucho más clara y abierta que antes. Tanto chicos como chicas se dicen "te quiero" indistintamente de su sexo o su sexualidad, sin tapujos, se aferran mucho más a su grupo, buscan refugio mutuo, en contraposición con la proliferación de medios cibernéticos como redes sociales etc. Su conducta pública es altamente afectiva, canalizan su problemática de esta manera y logran sacar un optimismo y vitalidad sorprendente. Son capaces de reirse de sí mismos, adoran fotografiarse con las caras más estúpidas posibles y las muestran, no estando tan obsesionados con su aceptación social al margen de sus amigos.

Algo bueno tenía que tener esta juventud que nadie valora ¿no?. Igual la libertad de su tiempo les hace desarrollar unos lazos más sólidos que los que nosotros conseguimos.

Gente de mi edad se queja de la falta de amistades, yo misma encabezo esa lista, y miro con admiración cómo los muchachos se divierten y se expresan, compartiendo sus aficiones desde bien jóvenes y quemando los cartuchos mucho antes de lo que nosotros (algunos) pudimos. ¿Significaría esto que su punto de saturación o decepción va a anticiparse? De momento, no lo sé, pero no me gustaría.

Creo que tenemos que rescatar la ilusión y hacerla grande, mucho más grande, y no dejar de ninguna manera que se vaya. Si se ha ido, correr como sea a buscarla, crearla otra vez y cuidarla, porque si no... esto no es vida.

El miedo a perder es en sí mismo una pérdida, no hay barreras más grandes que las mentales, no queramos ser mayores antes de tiempo, ni niños a destiempo, pero salvemos la ilusión.

Si dejarse llevar suena tan bien, ¿por qué no lo hacemos?

domingo, 7 de marzo de 2010

Nuestra era

Nunca fui de esas personas que se quejan del tiempo que les tocó vivir. La gente dice que los 90's y 2000's no tienen nada de especial, que desearían vivir en los 80's, los 60's... En cambio, siempre defendí que lo especial de mi era, era haberme criado en los 80's, posiblemente la mejor década para educar a un niño, crecer en los 90's y madurar en los 2000's, teniendo la perspectiva del tiempo para admirar y valorar los 40's, 50's, 60's, 70's, 80's e incluso, por qué no, los 90's.

Hoy podemos beber de lo bueno de aquellos tiempos dejando de un lado lo malo, como pudo ser la propagación del virus del SIDA, aunque, claro está, no inmersos. Este tiempo discontínuo nos ha brindado la opción de elegir y por ello estaba agradecida... pero... de poder elegir, ¿quién elegiría vivir una crisis mundial en una vida de apenas 90 años? En realidad, de tener esa opción lo más importante no sería la crisis en sí, sino el país, la raza, el sexo o la clase social que determine el resto de tu existencia.

Salir a la calle te hace contemplar el mundo, sus contrastes, sus ritmos. Viajar te hace contrastar tus raices con las de otros, examinar sus dinámicas y aprender de sus virtudes. Pero cuando se está realmente en el mundo es cuando se está formando parte activa de él, cuando trabajas y te sacrificas por ganar el dinero que te permitirá consumir y subsistir. Es entonces cuando todo cobra sentido.

"Esa opción ni siquiera es posible para mucha gente", se piensa... pero, no es cierto. Dos días entregando currículums: tres ofertas laborales. La cuestión es, que en mi caso, al ser licenciada, "en teoría", las opciones laborales ofertadas no han resultado de buen agrado en mi núcleo familiar, ya que al pertenecer a una clase media con ambos progenitores en activo, la necesidad (según ellos) no me obliga a optar a esos puestos pero... me hace pensar en esa gente que aparece en televisión, que he contemplado en la oficina del paro, que pide por la calle "por favor..." ¿no podrían dedicar un par de mañanas a visitar restaurantes y bares? ¿o realmente no se sienten en la necesidad de trabajar en esos puestos? En Murcia hay trabajo señores.

No es casualidad que la mayoría de esos empleados sea gente extranjera, que ahora ocupa los puestos de los que antes eran de aquí, y no es precisamente porque nos estén robando el trabajo, sino porque nadie quiere trabajos como esos. Las generaciones actuales se han criado enfrascadas en la infraestructura mental del: tienes que estudiar para ir a la Universidad... y ¡¡¡ zas !!! ¡crisis! ¡Bolonia!... licenciados equiparados prácticamente a diplomados, a pagar máster quien pueda, parados con título superior y gente que en su vida ha dado palo al agua. Lo peor del desastre es que la situación puede llegar a desbordarte psicológicamente, paralizándote, sin poder buscar alternativas. Pero las hay. Sólo hay que abstraerse de la cultura del "no puedo", del "eso no", del "no es para mí". Hay que mirar al que sí que no puede y sacar fortaleza aunque sea de la suerte de estar sano.

Últimamente se me repite la frase de "la necesidad activa la creatividad", la astucia, el ingenio o como lo quieran llamar. El caso es que la gente con menos recursos aprende a salir del hoyo solita y no tiene tiempo para llorar, porque si no trabaja no come, y aún así, progresan o guardan ese espíritu de superación.

Tener un trabajo que te realice como persona, con el que te sientas bien, medianamente feliz, que no esté en contraposición con tus valores y principios, es uno de los mayores privilegios a los que se puede aspirar. Desde luego, si alguna vez tuviese la suerte de poder vivir así, y poder mantener a mi propio hijo por este medio, le inculcaría primeramente el valor y lo honroso del trabajo, lo que dignifica al ser humano y lo importante de su elección, y si tiene esa capacidad de elección, no me importará si es panadero o abogado siempre que se sienta feliz y realizado.

Tengo 25 años y siento que llevo malgastados como unos 7, pudiendo haber optado por vias diferentes a la que opté, organizando un esquema de vida distinto, enfocado a la inserción laboral, no de un modo iluso, sino coherente... pero bueno, el fin de la redacción no era quejarme de mi era.

Es posible que el sistema educativo esté fallando en cuanto a este tipo de cuestiones. La orientación en institutos o colegios tendría que venir desde la ESO, asesorando acerca de las opciones que se cierran con la elección de asignaturas en cada curso y así, hasta donde se siguiese. Ni siquiera en los estudios universitarios se incide en cuestiones tan básicas como las salidas profesionales a nivel de oposición, empresa privada, marcos legislativos con respecto al sector... Se vive en la burbuja de la euforia universitaria, pendiente de aprobar y descreído de que el crudo final llegará. Pero llega, y el año postcarrera es el infierno. Perdido, hundido, frustrado, timado... Son muchas las sensaciones negativas que se adueñan de ti. Ver los días pasar igual de vacíos que empezaron, la pérdida de un eje motivacional como el simple hecho de asistir a clase. Sé que es bochornoso en contrapunto con el tema que tocaba antes de los trabajos intensos y poco remunerados pero, es un problema actual que hoy día afecta a demasiadas personas.

Faltan asesorías juveniles, estamentos que velen por la pronta inserción laboral.

Estuve un mes yendo a una orientadora del sef y fue incapaz de darme información acerca de las opciones que tenía, me mandó a dar clase en talleres... No sabría cómo describir este tipo de inutilidad. No creo que sea culpa de la pobre funcionaria sino del organismo en sí. Algo está fallando en muchos sentidos y las soluciones no vienen precisamente solas, pero bueno... vamos a aprender a encontrarlas porque la necesidad no nos deja elección.

En mi caso, la ausencia de pilares fundamentales ha hecho que me lance desesperada a la búsqueda de alternativas para tratar de mejorar. La meta de la independencia, más que una necesidad, se me plantea como un medio para lograr la felicidad y... tal vez... reconstruir esos pilares con cimientos renovados.

Levantarse por la mañana y observar como el tiempo va marcando tu rostro mientras sigues en el mismo sitio... te desgarra por dentro si tu espíritu tiene unas alas que llegan al cielo, y yo... lo tengo.

No puedo ser convencional, y tampoco quiero serlo, pero tengo los pies en la tierra. La elección ideal ahora es un lujo que no está a mi alcance, pero no al que esté dispuesta a renunciar.

Conformidad vs Inconformidad

En la vida hay dos tipos de personas los conformistas y los inconformistas, y a pesar de que cada una de estas posturas se impurifica en ocasiones de la contraria, definiré a grandes rasgos lo que me interesa de cada uno de los grupos respecto a su pureza hipotética.

Los conformistas son las personas que asumen los acontecimientos con una filosofía que les hace aceptarlos con el mejor talante posible, interiorizar que tienen que ser así y adaptar su vida a las nuevas circunstancias por tristes o desgraciadas que estas sean. Rescatan un optimismo que les hace reponerse convencidos de que su adaptación es la única vía que poseen para lograr rehacerse y así, emprenden nuevamente el camino de la felicidad hasta lograrla. Esta via pacífica les reconforta y en la mayoría de casos les lleva a alcanzar fácilmente sus metas.

Por el contrario, los inconformistas (véase ésta que escribe) son incapaces de aceptar acontecimientos que chocan con el esquema que tienen creado o con su visión de cómo debe ser el mundo. Un incorformista se dejará la piel y el alma en la lucha aunque se muestre perdida de antemano, simplemente por encontrar una posible solución que nadie más haya contemplado, por demostrar que es posible o por apaciguar su conciencia con el hecho de que hizo lo máximo aunque al final perdiese. Los inconformistas a menudo obtienen más pérdidas que ganancias en sus campañas, pero no les importa. Se suelen sentir realizados con el hecho de actuar acorde con su voluntad, su corazón, su mente, su pasión... lo que en ocasiones les lleva a la ruina espiritual absoluta, el agotamiento y la desidia. Un inconformista encuentra su causa noble y honesta, se siente rico espiritualmente por tener una voluntad que no se doblega ante la adversidad, se crece en valores y siente que la enseñanza moral siempre es equitativa en relación al trabajo y sufrimiento empleado.

A pesar de que esta descripción catapulte al inconformista hacia la desgracia y lo catalogue a priori de infeliz frente al conformista, en ocasiones, el inconformista movido por su lucha utópica logra encontrar la solución, ve esa via en la que nadie creía, abre la puerta donde otro no miró, y logra una felicidad tan plena, que no desearía por nada ser conformista alguna vez.

En cambio, el conformista en su apuesta segura por el cambio y la adaptación, renuncia muchas veces a la puerta de la felicidad que dejó olvidada por no seguir buscando. Puede que encuentre otras maneras, pero destierra y olvida alternativas que a menudo existen, que pasan, y podrían haber sido posibles.

En resumen no podríamos decir quien disfruta de una felicidad mayor, quien se siente más reconfortado o menos con sus decisiones, ni si una vía es preferible a la otra... Ambas formas son lícitas en la medida en que buscan soluciones, apuestan por lograr la felicidad y sobrellevar la adversidad.

martes, 2 de marzo de 2010

Temporalidad

Una de las cosas buenas de esta vida es el concepto de temporalidad. Lo eternamente irreversible se materializa en la medida en que existimos, y todo ello a su vez depende del tiempo. Las numerosas opciones dan a nuestras elecciones la oportunidad de ser erróneas o acertadas, y así eternamente algo puede ser irreversible, erróneo una y otra vez, hasta acabar con ello, o... morir.

Hay fantasmas que duran más de lo debido, que proyectan una sombra peligrosa hacia todo lo que viene después... En realidad no son más que los quijotescos molinos de viento, creados por nosotros mismos, no es más que una creación mental contra la que nadie puede luchar, más que tú.

Otra cosa buena de las tragedias es que de lo malo siempre se saca una enseñanza. Acabar con este tipo de obsesiones clarifica la mente, da cierta paz en medio del dolor y supone un estímulo potente para cambiarlo todo.

No tener nada que perder a menudo es la tabula rasa iniciadora del cambio real, posibilitadora de la madurez y la mejora personal. La pérdida absoluta, es un oráculo donde te reflejas para encontrar tu propia verdad.

A menudo, las segundas, terceras, cuartas o el número que toque de oportunidades al margen de las perdidas, no llega a producirse. He aquí el concepto de irreversible.

Por suerte, para los idealistas, la eternabilidad nos da ese margen para soñar con que la oportunidad perdida llegará tarde o temprano, y así, podemos dar vueltas y vueltas en círculos durante mucho, a su espera.

La dicha de encontrar la oportunidad no siempre es completa. Recuperar el pasado es irreversible hasta para cualquier idealista. Pero siempre, podemos construir un futuro, no contaminado por la duda, seguro, y meditado con la distancia suficiente para convencernos de que ahora, será real.